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Pet Sounds: Sonidos celestiales

Cuando antes de la recientemente pasada Semana Santa tenía preparao un comentario sobre el Gran Gram (Parsons, claro), de pronto, el Jagglitros más místico ha saltao a la palestra. ¿Que por qué? Por muchas razones; algunas inconfensables; otras realmente inexplicables. Pero, en la medida en que pueda exponerlo y ordenarlo, puede que fundamentalmente haya dos causas de este estado semi-harrisoniano: una, la Semana Santa pasada; aquí lo inexplicable y lo inconfensable se entremezclan, sólo diré que a veces el sentido de muchas cosas está donde menos lo esperas y cuando menos lo esperas. No disertaré sobre el sentido con el que he vivido la Semana Grande en la primera semana de este mes de abril, pero confieso que lo políticamente incorrecto de su contenido me anima a soltar un rollo, el cual me haría sentirme cuanto menos bastante desahogado (en el fondo es esta la función que se supone todos perseguimos en estos “onanistas blogs”, Adso dixit), aunque no renuncio a ello en un futuro.
El segundo motivo del misticismo abrileño reinante tiene como protagonista a un álbum tan clásico como la mano extendida de Boxset refiriéndose a Remedy y tan espiritual como el paso de palio de la Macarena entrecortando el frío aire de la noche…¡toma ya! El album no es otro que Pet Sounds de los Beach Boys y responsabilizo directamente al Joven Adso de esta irrupción musical, no tan nueva en conocimiento como en apertura de sensaciones. Efectivamente, aunque este inmortal CD llevaba en mi repisa desde 1994 y ya había su descubierto su innegable calidad y sentimiento y, por supuesto, la merecida consideración de genio de su cuasi único artífice, Brian Wilson, es quizá a raíz de las experiencias supraterrenales vividas lo que hace que haya hecho “click” con el verdadero sentido y germen del disco. Es curioso que este sea considerado como uno de los mejores álbumes de la historia del rock, cuando en realidad lo que menos brilla es el instrumento fetiche y casi bandera de ese bendito invento de mitad del siglo XX que no es otro que la guitarra. Y no es que el estilo del álbum sea hip hop, techno o precursor de Depeche Mode o Chemical Brothers, ni mucho menos. Y si no, que se lo pregunten a Sir Paul McCartney y cómo se le quedó el cuerpo tras escuchar “God Only Knows”. A diferencia de “Smile” o lo que podemos deducir que pudo ser, la uniformidad se come a la pretenciosidad. Desde la soñadora (de hecho fue BSO en unos de mis sueños) “Wouldn’t It Be Nice” hasta la levitante “Caroline No” el disco es un dechado de eso que tanto se busca con el arte, “llegar más allá”, consiguiéndolo sin caer en la pretenciosidad, más bien esforzándose en sentirlo realmente. El bajo de Brian, los celestiales coros de los chicos playeros, ese sonido de teclado tan cercano al clavicordio, los metales, la suave percusión, y…las letras; hete aquí otro de los motivos de este mi redescubrimiento: se habla de amor verdadero, profundo y sincero, se habla de búsqueda de respuestas, se habla de personalidad, de autoestima, se habla de Dios, se habla de la sociedad aborregada, ¿paro ya? ¿empiezan y terminan aquí casi todos los problemas del mundo? Yo creo que sí, ¡qué le vamos a hacer! En fin, reitero que me sorprende que en cualquier lista de mejores álbumes de la historia del rock figure esta maravilla sonora, tan alejada de clichés comunes a este mundillo, pero que bien merece estar no sólo en esas listas estándar, sino en la mía particular donde ocupa ya un lugar de honor junto a obras maestras como Abbey Road o Exile On Main St. Gracias, Adso, por decirme lo que estabas escuchando, quicir.
Para terminar con los habituales videos, empezaremos con un video promocional de la época y acabaremos con un enlace a una magnífica interpretación a guitarra clásica de Caroline No que ese magnífico músico y lennonphilico de cuidao apodado en YouTube como troubleclef realiza del tema que pone la guinda al divino Pet Sounds.
Caroline No a guitarra clásica aquí:
