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Hombres así tan templados, qué poquitos hay

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Estas son las palabras que, para referirse a Jim McKay (Gregory Peck) el entrañable personaje de Ramón Gutiérrez (interpretado por Alfonso Bedoya), utiliza ante las dos mujeres, Pat Terrill (Carroll Baker) y Julie Maragon (Jean Simmons), quienes se reparten a lo largo del grandísimo film Horizontes de Grandeza (The Big Country) el corazón del galán protagonista principal de la película.

 

Y es que el personaje interpretado por Gregory Peck bien merece una reflexión. Y esa reflexión surge a partir de la siguiente pregunta; ¿es posible o factible que hoy en día un personaje de ese cariz (caballeroso, educado, coherente, incapaz de demostrar a los demás lo que no es capaz de demostrarse a sí mismo, etc.) pueda aparecer en una película actual? Y si apareciera ¿qué trato recibiría del público en general? En una época (demasiada larga ya) en la que los héroes, tanto en la vida real como en la ficticia, no son como los de antes, o si aparecen, no tienen el mismo gancho que antaño, Jim McKay se antoja como un personaje demasiado humano para ser tomado como un héroe y demasiado perfecto como para ser considerado un personaje cotidiano. Y sin dejar de ser cierto lo anterior, debemos volver a hacernos más preguntas: ¿no es necesario que existan personajes así en las películas, en parte modélicos, con principios, en parte humanos, con debilidades? Hay quien puede pensar que no es así porque no existen en la vida real por las razones antedichas. En mi opinión, no me gusta ver películas donde constantemente salen tip@s neuróticos, obsesivos, inestables, como tampoco me gusta ver siempre filmes donde el protagonista es un tipo de diseño, incoloro, inodoro o insípido, que trasciende a lo terrenal, capaz de matar, amar, fornicar, ser ajeno a toda tentación, sin que su reputación, inmejorable desde el principio, varíe a lo largo de todo el metraje. Y es esto lo que predomina en el cine actual. Si, entrando en el cine clásico, por ejemplo, hacemos un análisis de los personajes de la época del cine negro nos encontramos con el Edward G. Robinson de Perversidad, un perdedor nato, o el Humphrey Bogart de El Halcón Maltés o Tener o No Tener, un ganador por narices. Pero entre ambos polos tan aparentemente distantes, existe un denominador común, y casi salvador: hay humanidad en ambos estereotipos, y lo humano, real es, aun cuando sea representado en la ficción de una manera más o menos predefinida.

 

Puede que este matiz del que hablo sea lo que, a pesar del avance en presupuestos, tecnología, efectos especiales e innovación, diferencie a una gran producción del cine clásico de una superproducción del cine actual, y eso lo es que hace a una buena película inmortal y reveladora.

 

 

31/10/2008 01:43 Autor: Jagglitros. quicireos. No hay comentarios. Comentar.


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