Richard Channing, lírico y destructor
“Nunca asoman las estrellas, aunque percibo los ojos brillantes de la hermosa Annabel Lee. Y así, toda la noche yazgo junto a mi amada…mi amada, mi novia, mi vida…en el sepulcro, a la orilla del mar, en su tumba, donde el proceloso mar resuena”.
Como si de un ritual se tratase, con este fragmento final de “Annabel Lee”, hermoso y clásico poema de Edgar Allen Poe, comienza una de las escenas más míticas que jamás hayan aparecido en una serie de televisión. En la inolvidable serie Falcon Crest, culebrón norteamericano deluxe que llenó muchas tardes al acabar las clases en el colegio, el gran Richard Channing, consternado, al parecer, por la muerte de su madrastra, abre la escena con esta muestra de lirismo y refinada cultura literaria, mientras juguetea con sus soldaditos de plomo. Acto seguido, recibe la visita inesperada de Emma, quien ejerce de arengadora de Richard a fin de que éste expulse toda su ira, como demuestra con la frase “Richard, no guardes tantas cosas dentro de tí”. De la mirada de Emma al abandonar el despacho se desprende que algo gordo va a suceder. Y así es, instantes después, Richard escucha la voz de Emma en su interior y decide, no sólo no guardar las cosas dentro de él, sino acabar con las que están fuera…haciendo un primer amago con un objeto transparente no identificado, el cual no llega a romper. Pero…tanta rabia no puede hacerse esperar y, tras una patada a su sillón y el posterior arrojo de éste, comienza la orgía destructiva de Mr. Channing. Richard destroza su oficina de una manera algo visceral, pero totalmente sistemática, mueble por mueble, de manera que no quede nada intacto, pero que tampoco nada le dificulte su transitar por la sala. Todo está medido en esta escena, desde la minuciosa realización hasta la música, que pretende provocar compasión en el espectador ante tanta devastación mobiliaria. El pobre termina exhausto, claro…
