Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2009.

Madurez musical en plena juventud

Al hilo de la anterior entrada y hablando ayer con los colegas, entre cervezas, sobre el fenómeno Fleet Foxes, surgió el tema de la asombrosa juventud (su vocalista y principal compositor, Robin Pecknold tiene 22 añitos) de una de las bandas revelación en estos tiempos que corren para la música clásica contemporánea proveniente del siglo XX. Y en contraste con esa asombrosa juventud, está la asombrosa madurez que demuestran en las composiciones y en la factura de su música, en la que se intuyen, sin que sea necesario escucharles hablar sobre ello, influencias ricas y variadas; Dylan, Beach Boys, folk británico y norteamericano de la segunda mitad de los 60 y primera mitad de los 70, Crosby, Stills and Nash, Motown, música barroca, etc. Lo mismo podríamos decir del excéntrico Devendra Banhart, o de los deliciosos y aromáticos folkies Vetiver.

 

Ello nos recordó el fenómeno que supuso a principio de los 90 el surgimiento de bandas como The Black Crowes (sin duda mi banda favorita de esos años y parte del siglo XXI) y la cultura musical que atesoraban ya entonces los jóvenes hermanos Robinson (el catálogo de influencias de estas enciclopedias intérpretes de rock es casi innumerable). Y llegamos a la conclusión que ello sólo era posible educándose en esa música, poseyendo y escuchando discos imprescindibles de la historia del rock en casa desde que se es un niño, sin forzar, claro, pero casi creciendo con ella.

 

Y salieron a colación otros fenómenos parecidos en este aspecto de la época dorada del rock; principalmente dos: Free y Traffic:

 

Por un lado, la banda de Paul Rodgers y compañía, que grabaron en 1968 un primer disco altamente influenciado por el blues, Tons of Snobs, con las siguientes edades: Paul Rodgers, 18 años; Paul Kossoff, 17 años, Andy Fraser, ¡15 años!, y Simon Kirke, 18 años. Si uno le da una escucha a los temas de esos primeros discos, y abarco hasta Fire and Water, de 1970, cuesta creer que tuvieran esas edades y, sobre todo, que hoy en día surjan bandas con ese nivel y a esa edad, que estén más preocupados por hacer música de profundidad y con fuertes raíces, que de la actitud que puedan mostrar para dar que hablar a la prensa…

 

Y decir Traffic es decir, sobre todo, Steve Winwood (sin desmerecer a los Mason, Capaldi y Wood), que con 15 años ya formaba parte del Spencer Davis Group y cantaba con ese vozarrón tan característico e imitado. ¿Puede ser Mr. Winwood uno de los artistas más infravalorados de la historia del rock? Posiblemente…

 

Mención aparte para otros grupos de aquella época como The Allman Brothers Band, Led Zeppelín, el infante súperdotado Stevie Wonder, Rod Stewart, Ron Wood o ya en los 60’s los mismísimos Beatles, Rolling Stones, Who, Kinks, y un larguísimo etcétera de jóvenes que nos han llenado los oídos de sentimientos sonoros inmortales.

 

 

 

01/03/2009 20:16 Autor: Jagglitros. quicireos. No hay comentarios. Comentar.

Richard Channing, lírico y destructor

“Nunca asoman las estrellas, aunque percibo los ojos brillantes de la hermosa Annabel Lee. Y así, toda la noche yazgo junto a mi amada…mi amada, mi novia, mi vida…en el sepulcro, a la orilla del mar, en su tumba, donde el proceloso mar resuena”.

 

Como si de un ritual se tratase, con este fragmento final de “Annabel Lee”, hermoso y clásico poema de Edgar Allen Poe, comienza una de las escenas más míticas que jamás hayan aparecido en una serie de televisión. En la inolvidable serie Falcon Crest, culebrón norteamericano deluxe que llenó muchas tardes al acabar las clases en el colegio, el gran Richard Channing, consternado, al parecer, por la muerte de su madrastra, abre la escena con esta muestra de lirismo y refinada cultura literaria, mientras juguetea con sus soldaditos de plomo. Acto seguido, recibe la visita inesperada de Emma, quien ejerce de arengadora de Richard a fin de que éste expulse toda su ira, como demuestra con la frase “Richard, no guardes tantas cosas dentro de tí”. De la mirada de Emma al abandonar el despacho se desprende que algo gordo va a suceder. Y así es, instantes después, Richard escucha la voz de Emma en su interior y decide, no sólo no guardar las cosas dentro de él, sino acabar con las que están fuera…haciendo un primer amago con un objeto transparente no identificado, el cual no llega a romper. Pero…tanta rabia no puede hacerse esperar y, tras una patada a su sillón y el posterior arrojo de éste, comienza la orgía destructiva de Mr. Channing. Richard destroza su oficina de una manera algo visceral, pero totalmente sistemática, mueble por mueble, de manera que no quede nada intacto, pero que tampoco nada le dificulte su transitar por la sala. Todo está medido en esta escena, desde la minuciosa realización hasta la música, que pretende provocar compasión en el espectador ante tanta devastación mobiliaria. El pobre termina exhausto, claro…

 

 

06/03/2009 20:27 Autor: Jagglitros. quicireos. No hay comentarios. Comentar.

Profeta en su tierra

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Si en Sevilla hubiera que elegir un claro precursor del velvetinismo, esa filosofía de vida que se caracteriza por el caos convencional y por la armonía natural, por ser respetuosa con el sentimiento y el sentido de la vida, y sutil y agudamente irreverente con lo políticamente correcto, ese no podría ser otro que el ahora más recordado que nunca D. Silvio Fernández Melgarejo, a quien más de uno tuvimos la fortuna de verle ensayar en el mismo local donde dábamos rienda suelta a nuestras inquietudes rockandrolleras. Y qué mejor muestra de lo que digo que este ya mítico Rezaré; Rock and Roll, Semana Santa sevillana, soul y canción italiana a la limón para rememorar a un artista inclasificable...avanti con la guaracha....hiiiiinn!!!

22/03/2009 13:46 Autor: Jagglitros. quicireos. No hay comentarios. Comentar.


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